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  • Casa Negra

Tarkovsky: el dronismo visual


Por Juan Contreras


Andréi Tarkovski fue un director simpatizante con las tesis cinematográficas de Vertov, según las cuales el cine es un arte que goza de su propia autonomía con respecto a otras artes como la fotografía, la música o la literatura.


Su estética es de tomas largas e intensamente elaboradas, intercaladas con diálogos y poemas filosóficos. Este método fue plasmando progresivamente en sus películas; las imágenes se desvinculan de una referencia exterior como pudiera ser una trama narrativa, o un relato mitológico -es un cine autorreferencial-. La fotografía, los planos, la dirección de actores, los sonidos rítmicos (que no sólo música), señalan más a sí mismos que a otra cosa, a sus propias condiciones de contingencia dentro de la articulación conceptual que supone el montaje de una película.


Esta especificidad cinematográfica, cede al espectador la posibilidad de construir él mismo el contenido semántico de las imágenes y, eso es, pienso, a lo que se refería Tarkovski cuando hablaba de “lo absoluto en la imagen”. Su cine advierte la necesidad de asimilar su contenido interiormente. No son obras sensibles de acierto o error, sino que construyen la vía para que el público las termine de confeccionar. En esto radica para el realizador soviético la sinceridad que todo artista ha de tener para con la obra de arte, la de no involucrarse únicamente él en la misma.


A Tarkovski no se llega a través de su innegable perfección técnica o en la búsqueda de sus muy diversas interpretaciones metacinematográficas, “cosmovisionistas”. El camino es más fácil: una de las críticas más comunes y condenatorias que podemos escuchar sobre sus películas, es que son lentas, un calificativo que se utiliza a menudo como sinónimo de aburrido. Decirle a alguien que una película es lenta, es probablemente la forma más efectiva de convencerle de no verla.


Estamos acostumbrados a consumir filmes con núcleo de prosa, que nos den a comer la vida en representaciones rápidas; lo que se muestra es todo, no hay subtexto, concepto, metalenguaje, porque no hay tiempo para detenerse a contemplar o de abstraer. Y cuando aparecen directores apostando con droning visual, esperamos trama, suspenso, gancho narrativo, información.


El cine es un arte más cercano a la música que a la literatura, ambos son instantes. Drone es un concepto que aplicamos normalmente a la música. La idea de un muégano de sonidos que se extienden para coquetear con el infinito, ha sido una idea perdurable en la música moderna. Y para que no pensemos que el dronismo en el cine es únicamente la provincia de las películas serias, también es algo que se puede utilizar para lograr un efecto magistral en la comedia, en el cine de acción y de terror.


La contemplación no es una responsabilidad tanto para la música como para el cine. Géneros musicales enteros se han centrado en ralentizar las cosas. Tal vez la expresión más poderosa de la lentitud en la música, se encuentra en las escenas del noise, ambient y del metal, donde proyectos como Varg y Sunn O))), crean música que parece reverberar y brutalizar sin fin. Es en el trecho incesante de su música que se revela una verdad: la lentitud es intensidad.


Una canción lenta de doom metal gana su abrumador sentido del tamaño y su poder, en su ritmo intensamente lento. Es el equivalente musical de ver una avalancha que crece en tamaño a medida que baja por la ladera de una montaña. También es lo que hace al slowcore, la música experimental y otros estilos musicales contemplativos, ser tan fascinantes. La contemplación alienta el escrutinio, exige que se preste atención a los elementos minúsculos que están en juego. No hay nada que ignorar, ni excesos para pasar por alto. Establece una búsqueda personal de una forma en la que una pieza más rápida no puede.


Los drones visuales funcionan a nivel similar: las escenas lentas se calculan, se crean de forma deliberada para obtener respuestas específicas del espectador. Las películas lentas no tienen la intención de aburrir; la mayoría, lo que intentan es seducir. Consideremos por ejemplo a Godard: incluso en sus películas más comerciales, ocasionalmente inserta escenas largas y didácticas, cuyo único objetivo parece ser provocar aburrimiento, pero, en realidad, son simples dispositivos de alienación brechtianos; una parte integral del ritmo de sus películas.


La narrativa es sólo una herramienta para la experiencia fílmica, como lo son la imagen, la música y el sonido, es esencial en películas convencionales. Tarkovski tiene más relación con lo sensorial, antes que con el análisis de sus relatos. Es un goce del tiempo

similar al de la contemplación de la lluvia a través de una ventana. Estas escenas crean un efecto interesante. Después de ver cualquiera de sus películas uno queda sensibilizado. Son como hacer un largo viaje a través de la nada y al final estar en otro mundo.




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