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  • Casa Negra

Ojo mutilado en una corona de espinas

Por Allan Márquez

1929, una navaja de afeitar atraviesa el ojo de una mujer, mientras su amado fuma un cigarrillo y observa a la luna siendo ultrajada por el ojo voyerista.

Comienza una nueva década y un grupo de sacerdotes se postran bajo el sol esperando a su guía, mismo que se divierte en un prostíbulo primaveral, en donde la élite social se reúne. Los sacerdotes han sido carcomidos por el sol y la carroña no se hace esperar. Dos amantes que deambulan en la playa son olvidados feligreses que se aman hasta la muerte.

Golpes y desfalco. Guerra y muerte han hecho que el genio de mirada loca y puro en boca se aleje de su patria. Acogido en la colonia americana, la más grande y servil, es rescatado y respetado. La industria creciente lo copta de historias citadinas y simples, el genio de mirada loca pone su toque emergido de su subconsciente atormentado.

Retrato cruel de esta sociedad corrupta, inspirada en una obra primigenia en las “Hurdes” ha encontrado a los olvidados, si, los de la Peralvillo, los de las periferias. La pobreza no es jocosa, no es más de Infante ni de Rodríguez, ya no es un ente oculto en esta nación. Nuestra miseria se ha vuelto festival, ha regresado en una “Palma de oro”. Insultos y desperfectos se apoderan de las salas, divas iracundas sacuden el cuerpo del genio de la mirada loca; su fortaleza se enaltece y restriega otra pieza, otra gran obra, llena de caos y perdición.

El clasismo nacional es encerrado, enjuiciado y atormentado por sí mismo. Sólo los borregos salen avantes. Un acosador atormentado por sus fetiches nos condena al martirio del feminicidio ¿Quién iba a pensar que este ensayo sería práctica nacional y mundial?

Desesperado y angustiado, pero con la mirada penetrante. Orgulloso y vigilante el trastorno lo persigue. Arturo no descansa, violenta con su justificada ironía y su cultura reprimida. El genio de la mirada loca nos muestra a una sociedad actual con 50 años de antelación.

La partida ha llegado y el vuelo ha aterrizado, a 30 años de su huida vuelve a su guarida. Espinas femeninas, vagabundos y leprosos son nuestros feligreses, o ¿acaso somos esos feligreses? La necrofilia se ha mostrado desnuda y seductora entre el ser de la cruz con senos perfectos. Un pastor, guía natural, ejemplo recto que es auxiliado por prostitución. “Los poderosos e inmaculados” lo humillan, lo sobajan y lo matan. Sus pies y cuerpo cansados no lo detienen. La lujuria lo abraza y el diablo está con él, está en él.

Un pedestal se erige hasta el cielo gris, un predicador lo aplasta para alcanzar la gloria. Sordas palabras y ojos moribundos de los inquisidores. Fanatismo recurrente desde la dialéctica sombría (bien y mal). Caso perdido del genio con la mirada loca, no hay dinero ni sustento que le permitan más retratos del subconsciente, solo queda emigrar o morir.

Caminantes, errantes buscadores de verdad han visto la vida entera pasar, historias de crueldad frente a su mirar. Esa, esa, esa es nuestra vía láctea.

El masoquismo, el sadismo y el fetichismo. Piernas, nalgas y seducción; maltrato humano dirigido por el machismo aberrante y cautivador, excelso reflejo de la mirada acosadora. Una niña vertiendo leche sobre sus piernas, una monja muerta deseada por la lujuria; una aristócrata en un árbol castigada como bruja. Doble personalidad que engaña al lujurioso y pérfido, quien objetualiza a la mujer. Mujer que seduce el papal, mujer que enamora al más bruto y lo trata de sensibilizar. Mujer que a través de su dolor y sufrimiento se empodera frente a la pantalla dentro de la escala de grises, dentro del ocaso francés del siglo XX.

Los tragos entre toma y toma te relajaron y gracias a ello nos dejaste tu último suspiro.


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