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  • Casa Negra

MÍSTICA ESCULPIDA

Por Cristhian Moreno Susniar



En los primeros quince años de la Unión Soviética, gobierno autoritario y destructor de toda nueva forma de expresión artística, filosófica y espiritual, nacía un signo de contradicción. El Gobierno autodenominado como “ateo materialista”, rechazaba de raíz toda inclinación de trascendencia a la espiritualidad. De este modo, muchas de las disciplinas del saber, eran manipuladas para ir acorde del discurso estatal. Este escenario fue el umbral de indefinidas persecuciones y represiones de voceros del alma humana. Uno de ellos es Andrei Tarkovsky, hombre teísta que rompió con los paradigmas y convencionalismos de la historia cinematográfica y social. Como antagonista del efímero materialismo, enfrenta desde la sabiduría práctica, sus más profundos recuerdos y cuestionamientos existenciales. Pasó a inscribirse en la base histórica del cine, como un autor esencialmente especulativo del alma y de poesía naturalista.


Para abordar la filmografía de Andrei, se debe partir de su persona. Hay que encontrarse con él. Nace poco antes de la guerra más letal de la historia humana un 4 de abril de 1932, en medio de un pueblo muy sencillo, Yurévets. Su padre, Arseni Tarkovsky, un conocido poeta ruso, influyó en su crecimiento artístico y poético; y su madre, María Vichniakova, corredactora de una imprenta, es quien más significó en sus recuerdos y sentimientos por su valor en la crianza, ante la ausencia de su padre. Este acontecimiento, será la base para entender sus cuestionamientos y expresiones en su filmografía. La imagen de su madre la lleva con sobriedad de afecto. Observar en sus construcciones fílmicas, el desarrollo y conexión con personajes sufrientes es su característica, hombres o mujeres que buscan y luchan contra sus miedos. La película El espejo (1975), es un vivo retrato poético de su niñez y el recuerdo de la lucha de su madre por protegerlo a pesar de su agonía interior por el abandono de su amado. El espejo, filme rodado alrededor de los setentas, muestra la transparencia de su rostro más intimo. Lo magnánimo de esta obra pilar en la historia del cine, es su nivel de conocimiento humano y espiritual para desarrollar su construcción estética visual. La estructura metamórfica fílmico-estética de la película, encarna la vida compleja en la que está inmersa todo individuo. Resaltar las vicisitudes y peripecias de la vida, es acercarse a la intimidad sufriente de la persona. Por consiguiente, Tarkovsky, ha palpado el alma al acercarse a sus sufrimientos y propone una nueva forma de contar historias, no para ser copiado, sino, más bien, para generar una visión profundamente sustancial de la vida que puede ser el punto genuino de todo cineasta.


Romper con el yugo alienador soviético fue un hecho que Tarkovsky logró, no intencionalmente. Es en sí, la voz del espíritu que quiere ser libre en medio de todo tipo de represiones y convencionalismos superfluos. Quiere contar lo íntimo de su esencia: la verdad del ser. Este expresionista de la filosofía del alma, es desde ayer y hoy, escuela para una corriente alternativa de autores que quieren contar fílmicamente la escancia de la vida. La filmografía de Tarkovsky, hacia un llamado a quienes son incapaces de escuchar el grito de su espíritu que espera ser encontrado para reposar en medio de los sufrimientos. En conclusión, seguir a Tarkovsky, es unirse a un enigmático autor que no se lo puede agotar en una breve reflexión: hay que encontrarlo en la propia conexión con la vida y nuestro espíritu.


“Creo que estamos en este mundo para luchar, para que el bien y mal luchen en nuestro interior, y Dios pueda enriquecernos espiritualmente.” (Andrei Tarkovsky 1984)

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