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Lo espiritual en Suspiria



Realizar una nueva versión cinematográfica, de una película que con anterioridad fue exitosa, no es tarea sencilla. Los directores contemporáneos que toman la decisión de llevar al público una obra consagrada en la Historia del cine se encuentran ante un dilema creativo, para desarrollar su proyecto fílmico, ya que no saben si serle fiel a la cinta original o alejarse un poco de la historia ya narrada.


En ese sentido, el éxito que logran los cineastas en sus adaptaciones se debe a que consiguen resignificar el film y explorar con más detalle algunos temas que el largometraje anterior no desarrolló. Tal es el caso del director italiano Luca Guadagnino quien elaboró en 2018 su versión de Suspiria, el clásico de terror que creó Darío Argento a finales de los años setenta.


De la reciente adaptación de Guadagnino resalta que explore más a fondo el tema de la espiritualidad. Su largometraje parte desde el ámbito de lo siniestro como postura estética. Para él, el espíritu es una forma de ver y actuar en el mundo. Esa idea se maneja en los distintos niveles narrativos que tiene la cinta.


En la trama central del filme, lo espiritual se representa como una entidad dinámica y maligna que establece una conexión que afecta a todos los personajes de la película. Las escenas de danza que aparecen a lo largo de Suspiria sirven para simbolizar la movilidad del espíritu que plantea Luca Guadagnino.


Un ejemplo claro de esa situación, es el performance que ejecuta Dakota Johnson en donde el espectador observa como cada movimiento de esta bailarina es una tortura infligida a otra persona.


Ahora bien, en el caso del contexto histórico del largometraje, la noción de espíritu es tratada como algo inherente a la época; es una especie de Zeigest perverso, que se vivió en Alemania durante su división territorial por el muro de Berlín en donde hubo desapariciones, asesinatos y persecución política.


La idea de Alemania como un territorio enfermo espiritualmente es un tema que ya se ha filmado en el cine. Recordemos la obra El huevo de la serpiente que dirigió Ingmar Bergman en 1977. En donde se describe el ánimo social de los años posteriores a la Primera Guerra Mundial (1914-1918).


La novedad con Guadagnino es que propone la imposibilidad de librarse de la infección espiritual. Las personas que buscan salir de la forma perversa de percibir el mundo: siempre terminan por ser asesinadas en el film.


Aunque cabe señalar que las vetas estéticas y temáticas de Suspiria son múltiples. Discutir este filme desde la representación de la espiritualidad es posible, ya que el cine como dispositivo cultural que analiza las ideas humanas, no ha sido ajeno a la reflexión sobre este concepto que se ha desarrollado como una noción filosófica en el pensamiento occidental. La obra de Guadagnino es un claro ejemplo de esto.


En conclusión, la cinta de Luca Guadagnino es valiosa por su manera de crear imágenes plásticas que transmiten una atmósfera de lo siniestro. El espectador que vea Suspiria encontrará una película que visualmente muestra el momento sombrío del espíritu humano que se vivió durante el mundo de la posguerra.



Por Eduardo Carrasco Díaz

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