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  • Casa Negra

La nostalgia del cinéfilo: Once Upon a Time in... Hollywood

Por C. Daniel Martínez



Febrero de 1969. Un MG TD 1952 retumba la agobiante tranquilidad de Cielo Drive. El cabello de sus pasajeros, gracias al refrescante aire de las altas montañas de Beverly Hills, revolotea por todos lados mientras suena Hush, tema de la mítica banda Deep Purple. Estas largas cabelleras les pertenecen a Roman Polanski y Sharon Tate, quienes se dirigen a una fiesta en la mismísima Mansión Playboy.


“Creí haberla oído llamando mi nombre”, dice la canción. Eso mismo pensaría Rick Dalton sobre Hollywood, pues su racha como actor transitorio de la televisión al cine ha ido bastante mal, o al menos no como su homólogo Steve McQueen, cuyo rol protagónico en el clásico The Great Escape lo catapultó a la fama; y quien por cierto, espera al matrimonio Polanski en el porche de la residencia de Hugh Hefner. “Ella rompió mi corazón pero la sigo amando igual ahora”.


***


En la novena cinta del podófilo Quentin Tarantino es explorada la cotidianidad del actor Rick Dalton (Leonardo DiCaprio) y su doble de riesgo Cliff Booth (Brad Pitt) quienes, encapsulados en su forma de pensar, no han podido incorporarse a un Hollywood que, al igual que el mundo, está dando un giro de 180 grados, cosa que la estrella en ascenso Sharon Tate (Margot Robbie) ha logrado.


Desde la promoción de su película anterior (The Hateful Eight), Tarantino ha sido bastante aferrado a la idea de culminar su carrera como cineasta con la décima película de su filmografía. Su declaración podrá catalogarse como incierta, pero sí es atinado decir que, en caso de no hacer “la décima”, Había una vez en... Hollywood es la forma más adecuada para concluir su trayectoria como director porque, al igual que Sergio Leone (héroe cinematográfico de Tarantino), concluye, a su vez, una trilogía que este crítico denominaría como La Trilogía de la Fantasía.


Esta triada fílmica también integrada por Inglorious Basterds (2008) y Django Unchained (2012), explora las capacidades del “hubiera”, utilizando los hechos históricos para alterarlos y así, brindar una versión alternativa (o multiverso ya que está de moda) de lo que pudieron ser los sucesos referidos. Sin embargo, esta película no refleja la epicidad reivindicatoria que cumplen sus dos antecesoras; sino que, al proclamarla como “la carta de amor que le escribe Tarantino a Hollywood”, en realidad encaja con la definición de Benedetti sobre la epístola romántica: “una carta de amor no es el amor, sino un informe de la ausencia”.

Once Upon a Time in… Hollywood es un filme que, a través de su entorno, de su música y de sus múltiples referencias —tanto cinematográficas como históricas—, hace una revisión melancólica a una época que, aunque claramente existió, nos parece tan lejana que asemeja más a un cuento de hadas “donde todos vivieron felices para siempre”.


Es, además, un paralelismo a la actual industria cinematográfica que, al igual que a finales de los sesentas, está sufriendo una serie de cambios paradigmáticos en la que, tanto actores como realizadores, aferrados a un pensamiento netamente purista sobre la concepción del séptimo arte, están siendo desplazados por nuevos talentos y nuevas visiones sobre el quehacer cinematográfico.


¿Es acaso Había una vez en... Hollywood la mejor película de Quentin Tarantino? A los ojos de este crítico, ese es un punto debatible; pero en definitiva, dentro del característico estilo a la que nos tiene acostumbrados, es, junto con Jackie Brown (1997), un punto y aparte en su forma de hacer cine, es la entrega más madura y reflexiva dentro de su filmografía.

Parafraseando deliberadamente a González Iñárritu, es todo lo que el cine de Tarantino no es y viceversa; es lo que dice la canción que baila Sharon Tate junto con Mama Cass y Michelle Phillips en la Mansión Playboy: “el hijo de un hombre amoroso”, un padre con un irremediable y nostálgico cariño por la cultura de una época que, aunque caracterizada por el amor y la paz, también culminó de la forma más violenta y vil que pudo concebir la historia moderna de los Estados Unidos.


Posdata: Recomiendo al lector que, al término de la función, no abandone su butaca porque, siguiendo la tradición Marvelita, hay una escena post-créditos que, aunque no refiere a nada adicional de la trama o a la última película de Tarantino, es bastante divertida y ayuda a aligerar el sabor agridulce con la que concluye la cinta.


Estreno: 23 de agosto.


TW: @daniel_maraz30

elblogmaraz.blogspot.com

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