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La influencia del haiku en El ESPEJO de Andrei Tarkovsky

Por José López Avendaño.

Se ha dicho que existe una relación entre cine y narrativa. Ya Cortázar dijo que un cuento era comparable a una fotografía, la película a una novela. Ambas artes cuentan algo a través de sus medios, relatan una historia. Por otro lado, es igual de cierto que el cine y la poesía también poseen semejanzas. Al cine no le son ajenas las nociones de ritmo, imagen o figuras retóricas, ellos están presentes a lo largo de un filme y actúan según los medios que presenta el séptimo arte: la escena, el encuadre, el punto de vista, la toma o la actuación. Se emplean por medio del lenguaje cinematográfico.

La sentencia de Tarkovski de que el haiku es la expresión poética más cercana al cine (1) es el punto de partida de este texto. El objetivo es dilucidar o esclarecer las semejanzas entre el haiku y cine para después dar un ejemplo concreto en expuesto en el trabajo de este cineasta. En principio hay que reconocer cómo está estructurado un haiku y después identificar sus características en el cine.

El haiku es una forma poética de Japón popularizada en el siglo XVII por el poeta Matsuo Basho y tiene tres reglas que debe cumplir para poder existir y que lo hace único: tener tres versos con métrica 5, 7 y 5 respectivamente; usar una palabra kigo o estación y tener Kireji o cesura. Estos elementos son los que validan, los que le dan constancia en Japón que sea un verdadero haiku. En Español ocurre algo distinto, la adecuación de la forma oriental ha exigido que los poetas varíen en la métrica, en los temas y también han llegado incluso a omitir el kireji. Tal situación pasa por el cambio de pensamiento de una cultura a otra. En la obra del poeta Octavio Paz; por ejemplo, los Haikus tienen como palabra kigo elementos de la cosmovisión Náhuatl; es decir, el autor encontró palabras equivalentes o con el sentido buscado de un idioma a otro.

Ahora, hablando del recurso cinematográfico, una adecuación de un lenguaje a otro correspondería a incurrir en la esencia de la construcción de poemas, quiero decir, de la poesía misma. El sentido de la “condensación del azar” como diría Paz es la esencia

de lo poético.


El haiku no posee rima y su característica principal es la imagen. Para crear un buen haiku asocian dos imágenes contrarias y dan lugar a una tercera que resulta ser algo más que la unión: es la trascendencia de la imagen (2). Octavio Paz en su ensayo El arco y la lira expresó su teoría poética y postuló que la característica poética llamada imagen es un “ir más allá de las palabras” porque expresa más y se llega a la revelación poética que es el fin último de todo poema.


El haiku, en última instancia, quiere dejar una enseñanza o más bien intenta dar al lector el sentido de la contemplación. Al referirme a este elemento quiero dar a entender que este poema breve, al devenir de la filosofía del budismo zen, trata de expresar en una imagen una idea que tienda a ser pensada con detenimiento. Es ese sentido de adherir la imagen y apropiársela. Tarkovsky, en sus palabras, describió a la imagen como observación. Es decir, que hacer Haikus es poner imágenes.


Explicado esto ahora vamos con el cine. El corazón, la esencia del arte cinematográfico es el encuadre que es una parte que representa la realidad de la historia que se cuenta. En este caso el encuadre será tomado como equivalente a la fotografía y por tanto será la imagen. De aquí podemos recuperar la idea de Cortázar “presupone una ceñida limitación previa, impuesta en parte por el reducido campo que abarca la cámara”. Aunque, para ser más precisos y claros, será más bien la sucesión continua de estos cuadros; es decir, la escena como tal lo que será entendida por imagen. Al ser cine será imágen en movimiento. Aquí la paradoja de Zenón de que el movimiento es ilusión resulta ser verdadera.

En una misma escena ocurren diferentes cuadros o incluso uno sólo. Veamos un ejemplo de cómo puede existir una suerte o equivalente del haiku en la cinematografía. Para ello citaré al mismo Tarkovsky la película es El Espejo de 1975. Uso a este cineasta y a esta obra en particular porque es más apreciable la composición del haiku. Para empezar unas líneas generales de la obra: es azarosa; su construcción está basada en la asociación de imágenes e ideas, es bastante parecida a lo que el surrealismo propuso en su tiempo con aquella relación con los sueños, esto lo hace poético. Si tuviera que darle un calificativo a esta cinta sería la de onírica. La película tiene un ritmo pausado, todo transcurre con naturalidad, el tiempo de la película durante las tomas es el tiempo del mundo. Este rasgo de lentitud permite que ocurra algo indispensable que tiene el haiku: la contemplación. La naturaleza es quizás el principal motivo o leimotiv de toda la obra de este cineasta, a través de ella transmite haciendo de cada película y de esta en particular una comunión.


Hay una escena está situada a inicios de la película: alguien ha incendiado cierto granero y los habitantes del hogar salen a mirar lo sucedido. El ritmo de lo que acontece es lento, sosegado como cuando se presencia una partida. Los cuadros que representan la escena son significativos: primero se nos hace notar el fuego, este es un elemento que consume y destruye algo, en este caso algo que posee valor como lo es un granero. Después, se hace notar que ha caído lluvia en tiempo reciente, podría situarse en horas o tal vez minutos. Lo que sigue es una toma en primer plano donde se aprecian las gotas cayendo de una parte de la casa y el granero de fondo consumiéndose por el fuego. Las personas están expectantes. Aquí es donde existe un equivalente al haiku en el plano del cine. Y aquí vendrá su explicación:


Piénsese en que un haiku se compone de tres versos: dos que están conectados en sentido y un tercero que es algo distinto, es como un giro de trama en narrativa, es algo que sorprende, es un final inesperado. En este sentido los dos primeros versos en su equivalente a esta escena es el contraste del fuego y el agua para después poner a los habitantes de ese hogar afuera, mirando quietos como el elemento fuego siendo tan volátil consuma; este sería el último verso. Esto concuerda con precisión con el sentido del haiku: la contemplación. En este sentido el último verso en también un Kireji pues transcurre algo inesperado: la calma. La palabra estación o Kigo está mostrada con las gotas de lluvia: es verano.

Es recurrente esta alusión al fuego y agua en la cinta. A su continua comunión como medio para representar una realidad que es chocante, paradójica, Tarkovski nos dice que estos elementos aparentemente contrarios y repelentes son partes de un mismo objeto, de una misma realidad compartida y en continua concreción: la vida. Nos expresa que la vida se manifiesta por saltos contrarios de dirección y que al final de cuentas lo único que realmente podemos hacer es observar, contemplar, vivir lo que va sucediendo. Ser partícipes, pero sólo como espectadores. Este acto contemplativo de reflexión es conocido como Mono no aware y es algo que podría ser considerado propio de la cultura japonesa. Los Haikus son breves y en el cine de Tarkovsky existe esa brevedad, se manifiesta siendo la lentitud del acto contemplativo, de ahí su sentencia: en el haiku lo más importante es la imagen y la imagen es observación. Lo que hace este director es detener por momentos la fluidez natural de una cinta cinematográfica.


Otro ejemplo sería el paso del viento por los matorrales, esto ocurre en una de las primeras escenas, el tipo que se va se detiene mientras que un viento pasa a través de la maleza: el movimiento, la de la maleza con el viento, choca con el momento estático del hombre, genera en conjunto la idea del cruce de contrarios. Tarkovski crea un haiku visual gracias a esta secuencia de cuadros. Pero aquí ocurre algo más: logra conjuntar el viento con la tierra. La maleza es un fruto de la tierra, que debería ser estático, pero está moviéndose gracias a la fuerza invisible del viento. Aplicando el planteamiento anterior la palabra Kigo resultaría ser viento: otoño y el Kireji de nuevo la calma.


Este cineasta al decir que haiku es la expresión poética más cercana al cine nos hace poder apreciar su propuesta estética, su mirada sobre este arte. Para el cineasta las imágenes son lo más importante, es la herramienta principal y por tanto expresar por medio de ella es lo que conlleva al fin y al cabo a hacer cine. Es mostrar, no describir.

Tal vez sin desearlo Tarkovsky definió una estética de la imagen, enseñó a usarla. Su propuesta cinematográfica sería así:

° Deben existir escenas que contengan una situación paradójica con elementos contrarios, excluyentes que desencadenen en una contemplación, a la calma. ° La naturaleza es esencial. Capturar en cámara el entorno y extraer su vivacidad es una meta de este cineasta. ° La contemplación es importante. No sólo la visual sino también la auditiva con el sonido del viento o del agua y, por supuesto con la lectura de poemas. Tarkovsky introduce poemas de su padre a lo largo del filme.

Esta serie de características apreciables en su obra son la presentación de lo que fue su postura cinematográfica. En este sentido este cineasta hizo películas poéticas, lo que lo convierte en un poeta.



(1) Referencia tomada de Esculpir en el tiempo (2002) Ediciones RIALP. (2) El lector puede consultar el apartado “La revelación poética” dentro del Arco y la Lira de Octavio Paz.


Bibliografía:

Cortázar, Julio (2016) Clases de lietartura. México: Debolsillo.

Paz, Octavio (2003) El arco y la Lira. México: FCE.

Tarkovsky, Andrei (2002) Esculpir en el tiempo. España: Ediciones RIALP

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