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Entre intrigas y dominación. Prisoners, 2013.


Prisoners (2013)

El cine es un dispositivo exquisito, apelando a la definición de dispositivo que disecciona Deleuze de Foucault (1). Mismo que nos arroja en ocasiones críticas muy sutiles qué están ahí, pero apelando a la naturaleza del cine que nos inunda hoy en día, pasamos por alto que en ocasiones las inquietudes de los autores van más allá.


El film en cuestión es Prisoners (2013) del cineasta Denis Villeneuve, largometraje que en su primera instancia se encuentra interesante para el cuidador/espectador ya que de inmediato genera la problemática de la historia en cuestión.


Algo que es necesario mencionarse es que se apega al estilo aristotélico narrativo, situación que convierte al film muy atractivo para las masas. Para esas masas, constituidas por lo que Aristóteles llamaba animales políticos. De igual forma, es importante mencionar lo anterior, ya que, citando al autor griego, el ser humanos podía definirse como animal político, por su capacidad de razonar y su necesidad de vivir en sociedad.


Por ello se presenta de inmediato la problemática que generará la sustancia de la historia, la primera cuestión a destacar es su “gran sensacionalismo” me permito esta definición a propósito de la crítica que se hace desde adentro del film, a la tendencia de hacer films sensacionalistas para las masas.


No es un sensacionalismo burdo, grosero, irrespetuoso como el que encontramos en un gran porcentaje de los metrajes hollywoodenses, con el único afán de vender, sino, en Prisoners (2013) se percibe un hiper sensacionalismo; el tema central donde encontramos a un Hugh Jackman interpretando a un padre desesperado por salvar a su hija, un Jake Gyllenhaal como el detective perfecto, digno de la meca cinematográfica estadounidense, hasta ahí y con los pocos datos revelados de la cinta se podría obviar que es una simple cinta sensacionalista digna de la meca cinematográfica estadounidense.


Pero, el autor mezcla un tema muy controversial “la religión”; tema que, si no se le da un buen tratamiento, apelarían a un castigo digno de la época romana al cineasta.


El acierto del realizador es arrojar esta cuestión de manera sutil, empujando el tema principal, no opaca la crítica religiosa al interés principal de envolver al cuidador en está desesperante búsqueda de un padre a su hija y que coloca al espectador en ese punto de realizar lo que sea con tal de encontrar a las menores, de juzgar, prejuiciar, creer.


Elementos que se extraen de una óptica crítica hacia distinguir entre el bien y el mal, nublando al cuidador con conceptos que se perciben predeterminados en la mente de la sociedad, conceptos extraídos desde pensamientos religiosos con el fin de hacer justamente lo que Jackman realiza. Un pensamiento a partir de creencias, que le arrojan resultados donde él cree hacer el bien a pesar de que las leyes del hombre, leyes representadas por el detective, dictan todo lo contrario, el mal.


Teniendo en cuenta lo anterior, la definición hiper sensacionalismo, no es exagerado para este film, porque no se limita a sensaciones de los sentidos, eleva la sensación y lleva a la mente que lo contempla a jugar el rol, a jugar entre el bien y el mal, a jugar a estar entre el cielo y el infierno, a jugar a ser dios o el diablo, a ser el justo o el injusto.


A lo largo del film, el rol se va arrojando entre los individuos, tanto protagonistas como antagonistas, de nuevo; apelando a la narrativa aristotélica de la cuál no se despoja el film.

Empero, funciona para enfatizar la postura del largometraje, lo oscuro y macabro del mismo. Es aterrizar, conocer si nuestro juicio como seres humanos esta dominado por un dispositivo religioso y precede al raciocinio.


Y todavía se pone más oscuro y macabro, ya que, la historia dicta que el individuo que conforma a la sociedad en la búsqueda de situaciones muy precisas como la libertad, el libre albedrío entre otras, no apelan a la razón estos conceptos, ni mucho menos a un bien común, significan todo lo contrario.


Una nulidad absoluta de la libertad porque lejos de ser sujetos de razón, somos sujetos de creencias, pertenecientes a una sociedad donde no se es libre de elegir entre el bien y el mal, el colectivo ha creado una forma de pensamiento que se aleja de lo político, según Aristóteles y se rige por creencias, por doctrinas religiosas, quizás; sin ser conscientes de ello.


(1) ¿Qué es un Dispositivo? Gilles Deleuze (1990)


Por Ayax Byron

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