Buscar
  • Casa Negra

Caminar como génesis creativa y experiencia estética: De On Kawara a Werner Herzog

Actualizado: may 18

Por José M. Delgadillo.

Cuando voy caminando sueño Werner Herzog

Para algunos el llamado capitalismo exacerbado indujo a gran parte de la humanidad la idea de que el modelo perfecto de un hombre, una mujer, familia o ser humano en este planeta exitoso y feliz es el “consumir por consumir” y con esto la adquisición de bienes materiales de manera acelerada, creando algo que se puede denominar como una falsa necesidad, tener lo “mejor” de lo “mejor”, celulares, ropa, accesorios de moda, y sobre todo automóviles. En este contexto adquirir el mejor, el modelo más reciente y el que más se puede asemejar al que utilizan los personajes creados como modelos a alcanzar, lo que te da la supuesta felicidad y la felicidad en estos términos se compra.


Configurando con esto, un entorno en el que no es bien visto, ni aceptado y sobre todo complicado que exista la posibilidad de hacer algo tan simple como el caminar por placer. Si se camina es por necesidad, no por gusto, porque para caminar se necesita tiempo y parece que ya no hay o queda muy poco. Para adquirir todo lo antes mencionado, todo eso que hace “feliz” a un ser humano, en la mayoría de las veces se tiene que estar en un mismo lugar, ser un sedentario funcional. El escritor argentino Edgardo Scott, en su libro “Caminantes” afirma que no se camina y que, cuando se hace, se camina sin ver, sin abandonarse al paseo. Los horarios ajustados, la responsabilidad de las rutinas a las que dedicamos gran parte del día, hacen que el concepto de pasear de manera contemplativa nos resulte ajeno.


En ese contexto y sobre todo en la actualidad el que camina por el puro placer de hacerlo, está realizando un acto casi contestatario. Caminar ahora es algo que no gusta al modelo económico presente, que es tan agobiante, ya que se tiene la idea de que andar no produce nada y no hay algo peor visto en tiempos actuales que no producir nada.


El caminar es muy antiguo y el vagar sin rumbo se remonta, como mínimo, a la escuela filosófica de Aristóteles llamada Los peripatéticos, griegos que deambulaban por Atenas reflexionando sobre diversas temáticas que nutrían su ser. Más tarde en Francia el poeta Charles Baudelaire definiría el paseante que se funde en la multitud y disfruta del caleidoscopio humano como un Flaneur.


Un Flaneur es un personaje que camina sin rumbo por las ciudades sin ningún objetivo salvo el propio hecho de caminar. Sin embargo, pensar en él como un sencillo paseante es simplificar en exceso el concepto ya que para Baudelaire el caminar es mucho más que salir a dar un paseo. Para un Flaneur el caminar es una actitud vital, una manera diferente de relacionarse con la realidad y con el mundo. Que consiste en moverse por las calles de forma despierta, explorando conscientemente cada rincón de la ciudad hasta sentirla como un ente vivo. Observando el mundo como un espíritu libre que se fija en el movimiento y en los ritmos que impone la multitud y encuentra estimulante apreciar hasta detalles irrelevantes como la forma que tienen las luces al reflejarse en las ventanas de los edificios.


No sólo Baudelaire profundizó en ello desde su obra. Ejemplos en la literatura y en la filosofía existen varios, por mencionar algunos, el escritor Edgar Alan Poe lo hizo en su cuento “El hombre de la multitud” y, después de él, el filósofo Walter Benjamin reflexionaba sobre la figura del flâneur dándole otra perspectiva: como medio para boicotear al capitalismo al pasear sin objetivo, sin consumir, sin ser mercancía.

No podemos olvidar al escritor Juan Rulfo en cual el caminar fue indispensable para generar imágenes que plasmó en fotografías y por supuesto en su literatura, ya que es innegable que los personajes de Rulfo no dejan de hacer: caminar. Desde la primera frase de Pedro Páramo, tal vez la más citada de la literatura latinoamericana del siglo XX “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”, sabemos que en ese primer verbo que pronuncia, Juan Preciado, si hace algo, es caminar, recorrer, transitar.


Existen algunas muestras en el mundo del arte, siendo diversos creadores los que practicaron el caminar como génesis creativa y reflexiva. Samuel Beckett, por ejemplo, vagabundeaba por las calles junto a su amigo, el escultor Alberto Giacometti. También el tan citado Marcel Duchamp iba paseando por Broadway totalmente absorbido por la ciudad momentos antes de adquirir el urinario que convertiría en obra de arte y que firmaría bajo el seudónimo de R. Mutt. En la música ejemplos como aquella frase de Facundo Cabral en la que de una forma poética y reflexiva nos dice “Me gusta andar, pero no sigo el camino, porque lo seguro ya no tiene misterio” al igual Lou Reed o Nick Cave también dedicaron su lírica al hecho de andar por placer o en busca de respuestas.


Otro claro ejemplo lo encontramos en el artista conceptual On Kawara el cual hace un registro documental, topográfico de cada día de su existencia, de cada lugar del planeta que visita. También hace listas de las personas que ha conocido, planos de sus caminatas y viajes de tren, autobús o taxi. En una época empezó a enviar telegramas a sus amigos con la frase “Aún estoy vivo”. Kawara decide dar noticias “de vida” por un medio usualmente reservado para comunicar lo contrario. Existen algunas variantes de este mensaje: “No me voy a suicidar, no te preocupes”, y ésta para sus detractores: “No me voy a suicidar, preocúpate”.


El plan de este artista japonés parece consistir en recorrer el mundo, verlo todo, conocer todas las culturas, ciudades, lenguas y costumbres. La vida, ese minúsculo paréntesis, a la vez tan incomprensible pero maravilloso, no puede ser desperdiciada en algo distinto. Kawara es ante todo, un viajero, un caminante, un Flaneur cuya curiosidad es inagotable e irremplazable. Sobrevivir cada día en cualquier lugar del mundo y anunciarlo victoriosamente: tal parece ser su misión, el único objeto de su existencia. Esto coincide con lo propuesto por el antropólogo David Le Breton, el cual menciona que en el contexto del mundo contemporáneo, se podría suponer que los ejemplos citados son una manera de suponer que el caminar es una forma de nostalgia o de resistencia. Y como mencioné anteriormente perder el tiempo es un gran pecado, o cuando menos una equivocación, en esta sociedad de urgencias y de disponibilidad absoluta para el trabajo o para los demás.


Así es como la obra de Kawara es la prueba no solo de su existencia en el tiempo, sino la de la historia social y eso es más que suficiente ya que la austera presencia y el ego suprimido del artista que tiene la capacidad de mostrarnos que estamos vivos al evidenciar la relevancia a la rutina de la vida que puede parecer insignificante generando el mismo tipo de preguntas, demostrando que el arte trasciende al mercado, a las modas y a las cambiantes especificaciones academicistas, para generar un espacio de reflexión sobre nuestra propia existencia en el tiempo y el espacio.


Esta génesis creativa también se ha presentado en el cine y quién mejor para ejemplificarlo que el prolifero director alemán Werner Herzog, quien desde sus inicios se ha pronunciado por la idea de caminar como génesis de la creatividad “Todas mis películas han sido hechas durante una caminata” afirma el cineasta.


Su acercamiento a este concepto es de gran manera muy particular puesto el 23 de noviembre de 1974 Herzog cuando se calzó unas botas "sólidas y nuevas", se abrigó con una chaqueta, se echó a la espalda una mochila con un cuaderno y una brújula y comenzó a caminar en dirección a París. Con una distancia por recorrer de más de 770 kilómetros en línea recta. Herzog lo relata de esta manera:


"A finales de noviembre de 1974, un amigo de París me llamó y me dijo que Lotte Eisner estaba gravemente enferma y probablemente moriría; no puede ser, dije yo, ahora no, el cine alemán no puede prescindir de ella aún, no podemos permitir su muerte", escribió Herzog en su libro 'Del caminar sobre el hielo', el cuaderno que se convirtió en libro en ese viaje invernal a pie a través de Francia y Alemania para visitar a su amiga, la crítica de cine alemana, autora de 'La pantalla demoníaca'. "Tomé el camino más directo a París, firmemente convencido de que si iba a verla a pie, ella seguiría con vida. Además, quería estar a solas conmigo mismo".


El viaje duró 22 días de caminata. Herzog atravesó bosques, montañas y ríos sólo con lo puesto. Pidió asilo en casas para pasar la noche. Durmió donde pudo. Comió lo que le dejaron. Esta caminata la realiza con la firme convicción de que eso alargará la vida de su amiga, hasta que él llegue.


Apenas comienza la aventura Herzog nos narra cómo empiezan a fluir ideas, sueños, preocupaciones y anhelos, su sangre a fluir por su cuerpo y su mente comienza a trabajar con los monólogos internos que aparecen en su cabeza diciéndose a sí mismo “Sólo si fuera una película creería que esto es real”. Avanza y se convence: “Tras estos pocos kilómetros a pie sé que no estoy cuerdo”. Le escapa a la poca gente con la que se cruza, campesinos sobre todo, “para no tener que mirarlas a la cara” por la vergüenza que le da su aspecto. Cuenta los días de la semana, sin saber si su amiga ya murió.


La sed se vuelve insoportable. Las ampollas en los pies y los dolores en las pantorrillas, intolerables. La locura y los cuervos revoloteándolo como sombras, esperando que su mente y su cuerpo caigan rendidos, atravesados en el camino. Praderas, bosques, miradores, cosechas, niebla, nieve, lluvias. Los paisajes van cambiando a cada paso. Y sus impresiones también. La importancia de las cosas parecen ir reduciéndose a planos detalle: ahora el verdadero valor se encuentra en la sal gruesa de los pretzels, en un remolino de papeles en el viento o en las primeras vacas que divisa cruzando la frontera con Francia. Herzog ejemplifica lo afirmado por Le Breton, al decir que caminar “es una invitación a la filosofía primera” puesto que el viajero se ve obligado a responder cuestiones fundamentales como ¿de dónde viene? ¿Adónde va? ¿Quién es? Cuestionándose si es una persona lo suficientemente fuerte y con la convicción de ofrecer su peregrinaje como ofrenda para que su amiga lo espere y no fallezca.


Este acto de Herzog propone la idea de un hombre con su animalidad a flor de piel, que parece accionar por impulso, que hace sin pensar mucho previamente, pero piensa mucho sobre lo que está haciendo. Un diario que sabe que la peor soledad es la que te obliga a estar con uno mismo. Un hecho plantea un enigma: ¿Qué es lo que lleva a un hombre a internarse en la soledad más absoluta y en las peores condiciones, luego de enterarse que una amiga va a morir? Incógnita que, por suerte, no termina de responder. El peregrinaje de Herzog no solo fue un acto de amor por su amiga sino un acto de catarsis en la que no solo creó y aprendió, sino que encontró historias, las historias que se contarán en esta película sin imágenes, pero sí con palabras.

Entendiendo con esta anécdota lo que el cineasta alemán pregona por la vida para hacer arte, “Viaja mucho, por diferentes países y a pie; aprende idiomas y un oficio que no tenga nada que ver con el cine. Recuerda que, como la gran literatura, el séptimo arte debe partir de la experiencia de la vida como base”.


Lo realizado por Werner Herzog está muy cercano a lo que alguna vez plasmó en sus textos el poeta Henry David Thoreau, proponiendo el acto de caminar, no como un ejercicio relacionado a temas de salud, sino más bien ligado a la contemplación y a la experiencia estética.


“Cuando salgo a caminar sin saber a dónde ir y dejo que mi instinto decida, me doy cuenta que, por extraño y caprichoso que parezca, inevitablemente me dirijo al suroeste, en dirección a algún bosque, pradera, pastizal o colina que encuentre en esa dirección”.


Mientras tanto en el camino entendemos que el andar de manera instintiva y por placer demuestra que contrario a lo que se cree, el caminar produce imágenes, sensaciones, recuerdos y encuentros con el mundo, enfrentamientos con el desierto que se cubre mantos azules, resonancias del viento y figuras que dibujan las ramas de los árboles en el aire dándote los sermones más profundos. Produce encuentros con las aguas mientras los perros juegan a la orillas del mar que reflejan flores que narran historias y te hacen preguntas. Producen rostros que jamás volverás a ver pero que nunca olvidarás.


Producen figuras que caminan entre las olas con los brazos abiertos que se retratan en la mente entre colores azules que giran al ritmo de la vida y marcan el tiempo interior de las almas mientras los niños se columpian saltando sobre la hierba raspándose las rodillas entre risas que retumban en la atmósfera, escuchando vidas ajenas que también buscan respuestas. Produce sensaciones al tocar con la yema de los dedos el pavimento y la ligereza de ser libre por un instante. Producen reflexiones que enmarcan las sonrisas, los abrazos, las miradas y el placer de ver caer el agua sobre tu rostro y de las vidas tatuadas en la piel que se convierten en arte aunque nadie las observe más que tú, y así entregarse hacia las propias sensaciones de la experiencia personal, alejando por un instante al ser de los conocimientos sistematizados, y muchas veces de las falsas verdades contemporáneas y de la felicidad y la libertad que está a la venta. El caminar y perderse para contemplar lo que no conocemos produce una sabiduría en relación a experiencias estéticas donde es el individuo el principal creador.



Referencias:


Caminar, una práctica artística, Albert Forns https://www.thenewbarcelonapost.com/caminar-una-practica-artistica/?fbclid=IwAR1jdlUEbuXwGVaLu_oZLQ9jWdnqw-dzL1hTYRVC4RUoToSIrsJzjpW6QVw


Del caminar sobre hielo, de Werner Herzog, Gabo Baigorria https://indiehoy.com/libros/del-caminar-sobre-hielo-de-werner-herzog/?fbclid=IwAR2YdEMTTEny9S8r8vRJlDHTECKEotDtQzB_0K09Vw_sw3-TMalIQ02cAvo


Consejos de Werner Herzog para jóvenes cineastas en ocasión de su aniversario https://www.sundancetv.es/blog/consejos-de-werner-herzog-para-jovenes-cineastas-en-ocasion-de-su-aniversario?fbclid=IwAR1ONlIiI3CEx1jfy-0-maElYvfXTZ3xRt1YME8yLTnkTNMpyttw4quveqwn


Cuando Herzog viajó de Múnich a París a pie para salvar a una amiga de la muerte, Marta Medina https://www.elconfidencial.com/cultura/2020-11-19/werner-herzog-caminando-sobre-el-hielo-documental-pablo-maqueda_2835840/?fbclid=IwAR2ta71aff4Vdy6To5NLCBO9TJ0fjkk1RMXA8tCPAtbiWlwNu2U4fwRYKLA


ON KAWARA: On Time, Amaru Pinto https://huelgadearte.blogspot.com/2008/10/on-kawara-on-time.html?fbclid=IwAR0haGcPFrSjWTJv89Q7q9uqmewJJtJBWpsnbc5B3iY-2ucr7DkpACH5gAs


On Kawara y Stanley Brouwn: Artífices del tiempo y el espacio, Memoria de asfalto https://memoriadeasfalto.blogspot.com/2009/12/on-kawara-y-stanley-brouwn-artifices.html?fbclid=IwAR0upUDkatUKK9nZbxHL9p_XJ6ZfIT2iBdQuMRms8pE7JLgo3EDdp2LeqU8

575 vistas0 comentarios